DEONTOLOGIA PARA SOCIÓLOGOS

 

Tenemos los sociólogos una deontología profesional, un compromiso moral específico?

Cuando la sociología empezó a consolidarse científica y académicamente, sus practicantes tenían cierto temor a que los científicos naturales no les tomaran en serio. Comte, Weber, Durkheim insistían en que había que adoptar una metodología estricta, lo más parecida a la de ellos,cuidando mucho de establecer correctamente las causalidades sociales. Ello fomentó, en cierto sentido, el que los sociólogos más funcionalistas afirmaran que nuestra profesióndebe tomar distancia de los fenómenos sociales,, no comprometerse personalmente convalores, al menos “qua” sociólogos.

Pero los primeros sociólogos no eran así, Saint Simon y gentes parecidas eranuna mezcla de panfletistas y racionalistas que criticaban a las instituciones del Antiguo Régimen y querían usar sus averiguaciones precisamente para desterrar las legitimaciones religiosas y carismáticas, postulando una racionalidad social basada en los derechos de los ciudadanos y en la democracia.

En el fondo de la sociología funcionalista, especialmente la que fue adoptada por los parsonianos y exportada a todo el mundo desde el país vencedor en la segunda guerra mundial, late un instinto conservador, propicio a la consolidación del “status quo”. Para ellos la democracia capitalista, tal y como funciona en América, es un modelo ideal que no necesita sino pequeños ajustes. Claro que Marx pronto les contradijo explicando que la sociedad está hecha de conflictos de poder y de intereses y que había que ponerse de parte del cambio, dando argumentos a los que los protagonizan. Así opinaron más recientemente Wright Mills, Bourdieu y otros.

La cuestión vuelve a estar presente cuando se nos quiere imponer otro paradigma conservador, lasabia e inexorable racionalidad del mercado que es un subterfugio para llamar al capitalismo de otra manera como si el mercado fuera libre y no estuviera dominado por los más poderosos, duchos en fraudes y chapuzas, especialmente financieros y fiscales. Thomas Frank, en su reciente libro: “One Market under God” ha explicado con sagacidad las falacias de esa explicación que muchos economistas y no pocos sociólogos se tragan con cierta facilidad aunque sea básicamente pueril. El modelo se basa en el principio del “trickle down”, significando que los gobiernos deben dar dinero y libertades a los ricosque, de alguna manera “misteriosa”, Frankhabla de la teología del mercado, terminarán llegando a los pobres. El informe del año 2005 del Population Reference Bureau documenta, entre otros datos sobre carencias comparadas,que la mitad de la población mundial vive con menos de dos euros al día y que la desigualdad básica sigue creciendo.

Muchossociólogos jóvenes, como muchos periodistas jóvenes,quieren triunfar pronto en la vida , hacerse ricos cuanto antes y a tal fin trabajan para quienes más les pagan, sin hacerse demasiada cuestión sobre las causas a cuyo servicio ponen sus habilidades profesionales.De sobra sabemos que los poderes más concluyentes no quieren que se sepa mucho sobre ellos y alquilan gentes no tanto para explicar cuanto para disfrazar.Para los más poderosos incluso la mejor información es ninguna y la mejor situación, la opacidad de sus asuntos. Sociólogos y periodistas servidores de los poderes colaboran en esos ejercicios de simplificaciónmediática, “España va bien”, a los que les gustaría acostumbrarnos. Como es sabido, inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre, Bush aconsejó a los neoyorquinos que salieran de compras, como el mejor ejercicio de superación de la tragedia. Quien le soplaría la idea? Un sociólogo amigo?

 

En el último Congreso de la Asociación Americana de Sociología (Filadelfia, 12 a 16 de Agosto pasado), miembros de Sociólogos sin fronteras tuvimos una conversación muy interesante con partidarios de lo que ellos llaman Sociología pública que no es sino otra forma de llamar a la sociología crítica. Hablando precisamente sobre deontología, uno de ellos se refirió al libro que recientemente hemos escrito Judith Blau y yo: “Human Rights. Beyond the Liberal Vision” (Rowman&Littlefield, 2004). Judith es la presidenta del capítulo americano de Sociólogos sin fronteras y una mujer muy comprometida, aparte de profesora prestigiosa. En el libro sostenemos que los derechos humanos son la versión última, más completa en la larga historia de las reivindicaciones ciudadanas, especialmente porque tienen que ver no solamente con que se respeten tu propiedad o tus derechos civiles sino con que la sociedad acepte y proteja derechos básicos escasamente reconocidos hoy, en un mundo donde el hambre, la pobreza, la desigualdad y la opresión siguen estando tan presentes. En Sociólogos sin fronteras proponemos que los derechos humanos sean la base de la deontología del sociólogo, de nuestro compromiso moral. En este sentido decíamos que si un sociólogo americano recibe el encargo de analizar si la pena de muerte sirve para combatir el crimen, después de concluir que no, como es obvio, tiene que añadir que, además, es una violación de los derechos humanos. Claro que si el encargo se lo hacen en Texas o en Nevada, o en China o en Kuwait puede que no le contraten más. En cierto momento de la vida hay que elegir entre dar coba a los poderosos o amargarles la fiesta y si hacemos nuestra la deontología propuesta, nos deberíamos inclinar por la segunda opción, al menos si no estamos muy apretados de dinero.

Alberto Moncada, Presidente de Sociólogos sin fronteras

www.amoncada.com