LISTA DE BODAS

ALBERTO MONCADA

El compromiso matrimonial del hijo de un amigo me ha vuelto a hacer reflexionar sobre esa doble costumbre en torno a las bodas cercanas que consiste, por una parte, en ser testigo de la promesa bilateral de fidelidad y, por otra, en la obligación de contribuir al bienestar económico de los contrayentes.

Las ceremonias de boda, en todas las culturas, tienen dos fines que trascienden la mera celebración. Atraer la protección divina, invocando a los dioses o fantasmas de cada tribu, para que proteja aquello que comienza y dar cuenta, socialmente, de la constitución de un vínculo cuyos protagonistas toman a sus amigos y parientes por testigos de que la cosa va en serio. De paso, los testigos ayudan a hacer más llevadero el trance, con su apoyo material. En las culturas americanas precolombinas la tribu contribuía levantando, entre todos, la casa de la nueva pareja.

Con el paso del tiempo, la secularización y otras novedades, uno asiste y contribuye a una boda cercana como quien participa en las alegrías y las penas de los próximos, sin tomarse muy en serio eso de que se está recibiendo, en nombre de la sociedad, los votos de fidelidad conyugal. Tantos compromisos uno conoce ya que se han roto antes de la muerte, tantos amigos van ya por la segunda o tercera coyunda, más o menos formalizada, que uno duda incluso de la conveniencia de que la sociedad se interese por esos lances amatorios, más allá de un análisis estadístico para calcular la política de vivienda o la previsión de aulas escolares.

Sin embargo, al calor de la sociedad de consumos las ceremonias de boda recuperan fastuosidad y terminan siendo, como era de esperar, otra ocasión de gastar dinero. Los grandes almacenes tienen secciones donde lo organizan todo y ahora, cuando recibes una participación de boda, te indican también donde puedes gastarte tu dinero en beneficio de los novios. Estos utilizan a los grandes almacenes como mediadores, como celestinos, en ese diálogo con los amigos en el que antes no se atrevían a pedirte una cosa concreta, porque no sabían cuanto te querías gastar. Hoy vas a la tienda, preguntas por la lista de fulanito y enseguida se produce el acoplamiento entre tu presupuesto y sus deseos. Allí te enteras cómo van a poner la casa, adonde van a ir en viaje de novios y hasta cual será el menú nupcial. Al paso que van las cosas, pronto los contrayentes sólo pondrán sus voluntades. Me han dicho muy seriamente que los grandes almacenes te organizan ya hasta la misma boda y puede que, algún día, te busquen hasta el novio. De modo que a las modalidades de matrimonio que estudiamos en ciencias sociales, o a las fórmulas de la cercana burguesía, matrimonio religioso o civil, habrá que añadir otra, casarse por El Corte Inglés.