LA TRANSFORMACION DE LOS PARTIDOS

ALBERTO MONCADA

La sociología política elaboró, en su día, una fenomenología de los partidos políticos, concluyendo provisionalmente que eran, o cumplían la triple misión de ser iglesias, máquinas electorales y dispensadores de prebendas. Con el paso del tiempo esa fenomenología se desdibuja. Los partidos son ahora menos Iglesias que antes. Las fórmulas de adhesión incondicional, relación fiduciaria con la verdad y carácter carismático del líderazgo, que funcionaban tanto en los partidos conservadores como en los marxistas, se han devaluado. En segundo lugar La politología inicial dió a los partidos el papel preponderante de vehicular la participación ciudadana en el nuevo orden democrático. Esta es la función que más ha cambiado porque la inversión de dinero y nuevas tecnologías informáticas en las campañas electorales permite incluso sacar partido de la abstención, que se ha convertido en defensa del "status quo". El viejo romanticismo de la participación popular ha dado paso a la hipótesis de"consulta-ratificación", que permite el desarrollo de una dinámica política basada en la negociación con poderes fácticos, con sectores de intereses importantes, cada vez más acentuada. Sólo en los grandes momentos, la Depresión norteamericana, el miedo al golpe militar en las elecciones españolas del 82, el pueblo participa masivamente en un proceso del que se siente cada vez más desafecto. Muy relacionado con este factor se encuentra la preponderancia de la función de patronazgo del poder económico de los partidos, la distribución de prebendas. Con la vigencia del modelo de economía mixta, en el que las mayores fortunas se hacen en los negocios públicos, los partidos conquistan el poder económico a la vez que el político. No se trata solamente de ese "spoil system, merced al cual un número creciente de personas, aproximadamente 75.OOO en España, acceden a puestos administrativos de libre designación, quebrando progresivamente el viejo orden burocrático, sino que la política y el dinero confirman su tradicional simbiosis, de una manera más rotunda.

La transformación de los partidos sigue, pues, una línea de acomodación a las transformaciones de estrategia y táctica de los poderes reales, devaluándose paralelamente su papel de vehículos de mayor participación popular en las decisiones políticas y de mayor extensión del juego democratico a otras parcelas de la convivencia.