CIUDADANOS O CONSUMIDORES
ALBERTO MONCADA

 

No hace mucho tiempo me decía un alto cargo sindical que hay  trabajadores que han sustituido el carnet de Comisiones Obreras por la tarjeta de El Corte Inglés. Con ello simbolizaba la desmovilización política obrera y la pujanza de la identidad consumista.  Desde la perspectiva laboral los datos son claros, por ejemplo, disminuye el modelo de centro de trabajo convencional con la creciente subcontratación y no hay que olvidar que las fábricas, además de centros productivos, eran lugares de reunión obrera donde se producía la solidaridad clasista. Por su parte, la ideología del consumo se escenifica en aquel mensaje de Bush a los neoyorquinos como solución a su tragedia cuando el bombardeo de las Torres Gemelas: “Iros de compras”. Comprar, consumir es una consigna que forma parte de la americanización de nuestras vidas y parece que es el tema predominante entre los jóvenes.  Y es que no hay otro horizonte de vida? Puede que lo haya pero a la gente le cuesta encontrarlo.
La crisis actual, con su seco frenazo al consumo, nos da la oportunidad de buscar alternativas. Pero también parece que  hay dos versiones. La primera es individualista, concentrarse en los amigos, en la familia, en lo privado en último término. El crecimiento de los grupos de esoterismo religioso parece que van en esa dirección. Y como contrapunto, el compromiso público con causas como la ecología, la ayuda al tercermundismo.
Pero la sustancia de la ciudadanía es responsabilizarse de cómo funciona la sociedad, hacer política, en último término. Y, sin embargo, la gente está cada vez más desafecta de los políticos y se empieza a correr a Europa,  también a España, ese vicio de abandonar las responsabilidades electorales. Salvo los fieles, los partidos van perdiendo afiliados y votantes, la abstención se convierte en frecuente.
Es culpa del comportamiento de los políticos, sin duda, pero precisamente los ciudadanos son quienes tienen que revalorizar lo público participando en lo común, en lo colectivo. Lo que vemos es una fragmentación de la preocupación por lo público. Hay gentes, asociaciones empeñadas en hacer cumplir la Ley de la Memoria Histórica. Otros denuncian las prepotencias de las grandes compañías. Algunos hacen suyas las reivindicaciones de zonas o barrios, como el Cabañal valenciano. Es decir hay movimientos de base. Pero todavía no se observa una preocupación colectiva por dignificar la política más allá de  las contiendas partidistas.

El movimiento del 15 M, de los indignados nos da razones para la esperanza a nivel mundial.

 

Alberto Moncada es presidente de Sociólogos sin fronteras internacional.